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MarViva en medios

La decadencia de nuestros mares

Costa Rica Junio 6, 2017
Tomado de: Diario Extra
Autor: Jorge A. Jiménez

La verdad se basa en hechos y los hechos demuestran que nuestro país ha manejado pobremente sus mares y los recursos que contienen. Cualquier indicador pesquero y ambiental que se analice mostrará que hoy estamos peor que hace 30 años.

Durante décadas hemos visto cómo se deterioran las costas, desaparecen los peces y se contaminan las aguas. Con desidia o ignorancia los gobiernos de turno miran con indiferencia cómo las opciones para el desarrollo van desapareciendo ante su actuar cortoplacista. Sean estas playas de gran valor turístico, otrora limpias y hoy contaminadas y llenas de basura, o el colapso de las poblaciones de picudos de las que dependen millonarias pesquerías deportivas, o el deterioro de las poblaciones de pargo y corvina, que eran sustento para miles de pescadores artesanales, o la extracción de atún por barcos extranjeros que dejan sin recurso a nuestra flota palangrera.

A pesar de la pobre historia de manejo de nuestros mares, la situación no mejora en este gobierno. Las pocas cosas en que el país había avanzado (como el funcionamiento de la Comisión Nacional del Mar, los procesos de Ordenamiento Espacial Marino, las Áreas Marinas de Uso Múltiple, etc.) las ha desestimado o ha fallado en implementarlas. 

Luego de 36 meses en el timón, el gobierno no ha logrado cambiar esta tendencia destructiva. 

Por el contrario, promueve más destrucción al insistir en que se reinstaure la pesca de arrastre en nuestros mares por medio de “mesas de diálogo”, históricas por su manipulación y ausencia de fundamentos técnicos; y se apura a financiar estudios cortos “que demuestren” que barrer el fondo marino con un red de arrastre es una actividad sostenible. Todo esto sin querer aceptar la evidencia de que el arrastre conlleva la destrucción de millones de organismos marinos y que su uso condena a la pobreza a miles de familias que dependen de la pesca artesanal. 

Preocuparse por el empleo en nuestras costas es muy válido, pero la solución que se busca es equivocada. El mar no tolera el nivel de pesca al que lo hemos sometido, mucho menos si usamos técnicas destructivas como el arrastre. Nuestras costas están urgidas de alternativas de empleo que le reduzcan presión a los recursos marinos. Seguir insistiendo en pescar con los niveles de intensidad y métodos destructivos hasta ahora utilizados es irresponsable.

Continuando con su desafortunada “política marina”, el gobierno busca portillos legales para permitir que se sigan exportando aletas de tiburón de especies que se encuentran seriamente amenazadas. Basándose en un cuestionable artículo de la Ley de Vida Silvestre, deciden eliminar el rol del Ministerio de Ambiente y Energía en la conservación de las especies marinas pesqueras para favorecer el criterio del parcializado Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura. 

Ahora, la exportación de especies de interés pesquero amenazadas la determinará el INCOPESCA, mismo ente que decidirá qué es una especie de interés pesquero, y cuánto se pesca de ella en los mares. Todo esto sin contar con evaluaciones del recurso, sin entender cuánta pesca pueden tolerar las especies, ni cómo se ven afectados otros sectores. 

Con solo meses para que concluya el gobierno, se perdió ya la oportunidad de dar un sólido golpe de timón y abandonar el rumbo de explotación desmedida y deterioro que han sufrido nuestros mares. Los grandes temas siguen vigentes, irresolutos. Continúa la pesca ilegal, la vergonzosa exportación de aletas de tiburón, la contaminación de playas y esteros, la comercialización de especies que no han alcanzado su madurez, la explotación de recursos pesqueros sin base científica, y más triste aún, la pobreza y la miseria de nuestros pescadores. 

Oportunidad perdida. El tiempo se nos fue en “mesas de diálogo” que querían teñir de participativo un deficiente proyecto de Ley, decretos ejecutivos “express” sin consulta a los sectores interesados, planes de ordenamiento que no se concretan, regulaciones a las tallas mínimas que no se acaban de negociar. La urgente tarea de re-estructurar el INCOPESCA y convertirlo en una institución capaz de manejar científica y transparentemente nuestros recursos pesqueros no fue atendida y tendrá que esperar otra administración. 

Lejos de buscar el diálogo y entender posiciones, como corresponde a un gobierno, esta administración se empecinó en calificar de extremistas y mentirosos a los que pedimos un mejor manejo de nuestros mares y cuestionamos sus decisiones; se dedicó a imponer y manipular en el tema pesquero. La incapacidad de interlocución, de quien está obligado a dialogar, ha sido manifiesta.

Se perdió la oportunidad de cambiar. Sólo nos quedarán los desafortunados decretos, un ineficaz INCOPESCA y un mar cada vez más degradado. Nos dejan un legado que mantendrá el desempleo y la pobreza en nuestras costas, demostrándose otra vez que una visión parcializada y cortoplacista del problema no es la mejor consejera para resolver la decadencia de nuestros mares.

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