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El difícil cambio en nuestra relación con el Ambiente

Costa Rica December 29, 2017
Source: crHoy.com
Author: Jorge A. Jiménez

El concepto de alcanzar un balance entre la conservación y la producción es una peligrosa forma de interpretar el mundo. Este concepto establece de partida, una dicotomía entre dos fuerzas; como si estas fueran opuestas y requirieran ser balanceadas. En realidad la producción y la conservación no son fuerzas opuestas, son complementarias. Una no puede existir sin la otra. En nuestro mundo no puede haber producción sin un ambiente sano y funcional, así como no puede mantenerse un ambiente sano sin una sociedad productiva y en desarrollo.

¡Debemos abandonar esta falsa dicotomía!. Lejos de buscar un balance “entre el bien y el mal”, debemos entender como primer paso, que nuestros sistemas productivos y nuestras sociedades en general solo pueden prosperar dentro de los límites que imponen los ecosistemas naturales. Los mares pueden recibir sólo cierta cantidad de contaminantes, la atmósfera sólo cierta cantidad de gases invernadero. 

El reconocer los límites naturales es un proceso que le ha costado mucho entender a la humanidad. En el último siglo, el ser humano ha empezado a “sentir” el costo de trascender los límites: agotamiento de la pesca, calentamiento global, desertificación, aumento en el nivel del mar. Hasta ahora siempre había existido otro bosque que cortar, otra especie que extraer, otro fondo que arrastrar, otro río en que verter los desechos. Hoy en día estamos en constantes conflictos por el impacto de ciertas actividades productivas en el ambiente. Conflictos que erróneamente se quieren reducir a una discusión “entre posiciones extremas”. 

En las últimas décadas, se ha hecho evidente que manejar las actividades humanas vis-a-vis el ambiente es un tema complejo que requiere más y mejor información técnica, demanda decisiones más difíciles y precisa decisores más informados. 

A nuestro país lo ha tomado desprevenido el cambio. Carecemos de instituciones con capacidad de generar y manejar la información técnica que requiere el complejo manejo de nuestro ambiente. Los vacíos fundamentales son muchos. Desconocemos el tamaño de las poblaciones de peces en nuestros mares y cuánto es razonable extraer. Carecemos de proyecciones que permitan estimar cuanta agua tendremos bajo escenarios severos de cambio climático. 

Y ante esta carencia de información no somos precavidos. Continuamos manejando nuestros recursos como si fueran inagotables. Seguimos arrastrando los fondos marinos para capturar un puñado de camarones, seguimos importando más y más vehículos que emanan gases invernaderos, seguimos despilfarrando el agua y contaminando los ríos irresponsablemente. 

Cambiar nuestra relación con el ambiente es impostergable, pues los sistemas naturales no pueden mantener el paso de nuestro desordenado crecimiento. Cambiar generará, en muchos casos, impactos en empleos y formas de vida. Pero continuar con actividades que dañan fuertemente el ambiente es sentenciar a la miseria a aquellos empleos que se quieren defender y a muchos más que indirectamente, se afectan al colapsar el sistema ambiental. El cambio no es sólo un tema ambiental, el cambio es necesario para defender el bienestar y futuro de nuestra sociedad. 

Irresponsablemente, hemos retrasado la búsqueda de alternativas para reducir esos impactos en empleo y producción. ¡Enterramos la cabeza ignorando lo que pasa alrededor!. En la raíz del problema, destaca una clase política que desconoce cómo manejar las múltiples aristas del tema. Abundan los argumentos simplistas y cortoplacistas, que retrasan el cambio en aras de defender empleos, de defender el status-quo de una actividad, de tomar decisiones controversiales; ignorantes del impacto económico y social que genera el no cambiar. 

Debemos de buscar cambios que generen más empleos y desarrollo, dentro de los límites que nos impone el ambiente. La modernización de las instituciones estatales, el fortalecimiento técnico de los funcionarios y la re-educación de los decisores políticos será la única forma de enfrentar el reto ambiental de este siglo. La clase política tiene la impostergable obligación de asegurarse que el bien común prevalezca sobre modos de vida que han probado ser insostenibles y atreverse a tomar las difíciles decisiones que aseguren la sostenibilidad del ambiente que soporta a nuestra sociedad. 

Dr. Jorge A. Jiménez
Director General
Marviva

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