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LA INCOHERENCIA DE COSTA RICA EN CONSERVACIÓN MARINA

Dr. Jorge A. Jiménez
Director General, 
Fundación MarViva

En pocas semanas los países del mundo se reunirán en Panamá para discutir temas relacionados con la Convención para el Comercio de Especies Amenazadas (conocida como la Convención CITES). Una de las propuestas a discutir será la inclusión de 19 especies de tiburón entre aquellas especies que tienen limitaciones en su comercio internacional. No es ni siquiera una prohibición a la exportación, sino la obligatoriedad del país exportador de demostrar la sostenibilidad biológica de la extracción destinada a la exportación.

Las especies propuestas incluyen tiburones clasificados como en peligro o en peligro crítico como resultado de la pesca insostenible impulsada, en gran parte, precisamente por la excesiva demanda del comercio internacional de sus productos. Sorprendentemente, Costa Rica no ha apoyado esta propuesta sustentada por más de 15 países, incluyendo la Unión Europea.

Tomando en cuenta que Costa Rica es el quinto país exportador de aletas de tiburón en el mundo, y que la captura de tiburones representa la tercera parte de las capturas pesqueras del país, uno puede entender los intereses económicos que impulsan la tibia posición del país. Lo que resulta sorprendente es que el gobierno de Costa Rica no aproveche esta oportunidad para posicionarse entre los países que buscan una mayor protección de este importante grupo de especies, aunque sea para continuar con su campaña de venderse al mundo como un campeón de la conservación marina. Una campaña en que inclusive INCOPESCA se vende como líder en la confección de los  Planes de Acción para la Conservación y Ordenación de Tiburones.

Debemos de reconocer que este es solo un pequeño paso en la protección de estas especies de tiburones y aún así, sorprende que no parece haber voluntad de darlo. Ya el país está involucrado en múltiples comisiones y acuerdos que pretenden asegurar mayor protección a los tiburones. Acuerdos y comisiones que no han pasado de ser letra muerta pues no existen acciones reales en el campo que aseguren la protección de los tiburones en nuestros mares.

El riesgo de que esta inclusión afecte la cultura explosivista de corto plazo que caracteriza nuestro “manejo pesquero” parece muy bajo. Máxime cuando eI INCOPESCA ha logrado proclamarse como Autoridad Administrativa y Científica de esta Convención, excluyendo a otros sectores anteriormente involucrados en esta función. Es el mismo INCOPESCA el que determina si las especies a exportar tienen la sostenibilidad biológica necesaria. Y estas determinaciones son laxas y con poco sustento técnico, por lo que aún especies como el tiburón sedoso, una de las especies de tiburón más sobreexplotadas en el mundo y con poblaciones decrecientes, es catalogada por INCOPESCA como apta para ser exportada.

Sorprende, por lo tanto, la timidez del país en este tema, especialmente si dentro de este grupo de especies no existen especies de gran interés pesquero para Costa Rica.  Otrora el tema era liderado por el MINAE, pero hoy es liderado por un INCOPESCA que controla la exportación de las especies pesqueras; un grupo de especies que son definidas antojadizamente, por el mismo INCOPESCA (sin criterios de sostenibilidad), como ”aquellas que nos interesa pescar” y que de un plumazo (o Decreto) dejan de ser vida silvestre.

Por un lado Costa Rica es miembro de diferentes grupos de Alta Ambición para la protección marina y se compromete ante el mundo a conservar grandes extensiones de su mar, pero al mismo tiempo no quiere involucrarse en la protección de un grupo de especies de tiburones con bajo interés pesquero para el país y más bien sigue hablando de explotar la “riqueza pesquera” de nuestros mares como si esta realmente existiera y como si el manejo de las pesquerías no fuera parte integral de la conservación marina. Quizás algún día tendremos políticas marinas coherentes, integrales y científicamente fundamentadas.  Por ahora nos toca seguir observando una política marina plagada de incoherencias y decisiones basadas más en criterios políticos que en criterios científicos.

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